Los prolongados cortes de luz, no poder trabajar porque necesita su computadora e internet ni poder comprar sus medicamentos para la depresión y ansiedad marcan el día a día de María Carolina, una joven tachirense que sufre de ansiedad por la crisis eléctrica. No solo ella se encuentra en esa situación: psicólogas del Táchira reportaron el aumento de pacientes con problemas de salud mental como consecuencia de los apagones

“Destruyeron mi salud mental”, reconoce María Carolina, una joven de 26 años oriunda de San Cristóbal, estado Táchira. Su trastorno depresivo mayor y ansiedad generalizada volvieron este 2023 como consecuencia de los apagones diarios de 8 e incluso 12 horas que se registran en su comunidad.

María Carolina trabaja de forma remota para una empresa de Estados Unidos. Su horario es desde las 8:00 a.m. hasta las 5:00 p.m. Dice que ama su empleo como vendedora de seguros médicos, pero teme perderlo porque las fallas eléctricas le impiden cumplir las horas establecidas y porque los ataques de ansiedad entorpecen sus tareas.

Cuando se aproximan las 9:00 a.m. comienza a temblar y algunas veces a llorar sin poder contenerse. La incertidumbre de que haya un corte de electricidad comienza desde antes de la hora en que día por medio está sin servicio eléctrico. Su perro Lucas suele chillar a su lado cuando el ataque de ansiedad aparece.

La misma situación se repite al mediodía y a las 3:00 p.m., porque sabe que en cualquiera de los tres horarios, o en dos de ellos, se quedará sin luz. Sus jefes estadounidenses entienden la crisis venezolana, pero le piden que busque soluciones porque las metas diarias influyen en su pago semanal.

Todo está conectado. Cuando se queda sin servicio eléctrico no puede trabajar; al no poder cumplir con sus funciones, recibe menos pago los viernes; tener menor ingreso le impide aportar económicamente a su hogar, y lo que más le afecta: no puede comprar su medicamento para la depresión.


Dice que ama su empleo como vendedora de seguros médicos pero teme perderlo porque las fallas eléctricas le impiden cumplir las horas establecidas y porque los ataques de ansiedad entorpecen sus tareas.


Cada mañana debe tomar el medicamento que su psiquiatra le recetó hace más de cinco años. En reiteradas oportunidades ha parado el tratamiento por no poder comprarlo, porque el antidepresivo que toma cuesta 80 dólares en Colombia y no se consigue en Venezuela.

Parar su medicación conlleva a recaídas del trastorno depresivo y la ansiedad. Cuando puede mantener constante el tratamiento, asegura que se siente tranquila, solo que hay cosas que detonan episodios ansiosos, como la electricidad y el temor a quedarse sin trabajo.

“Lloro y lloro. A veces no puedo contener el llanto ni parar. Simplemente mi cerebro y mis emociones van por un lado y mi cuerpo por otro”, cuenta. Hay días en que logra contener los ataques de ansiedad, pero otros en que estos la superan.

En Táchira los apagones son diarios. Durante 2023, El Pitazo contabilizó 370 cortes eléctricos en un circuito de San Cristóbal. Aquí detallamos las interrupciones del servicio: enero, 27; febrero, 29; marzo, 83; abril, 84; mayo, 61; junio, 17; julio, 15; agosto, 24; septiembre, 30 y octubre, 55. Según el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, desde enero hasta septiembre hubo un incremento de fallas eléctricas en toda Venezuela.

Soluciones poco viables

Debido a los constantes apagones, María Carolina compró un generador eléctrico pequeño para conectar el router de internet y garantizar la conexión cuando no tiene electricidad; sin embargo, hay momentos en los que sin luz, tampoco tiene internet de la Compañía Anónima Teléfonos de Venezuela (Cantv) o de la operadora colombiana que contrató como alternativa.

También ha intentado monitorear los apagones y hacer su propio cronograma ante la ausencia de uno oficial. Si según sus cálculos no tendrá servicio en las mañanas, se va a casa de su novio, que vive en otro circuito eléctrico. El problema aparece cuando hay apagones en horas que no tiene previstas.


El Lexapro, nombre exacto del antidepresivo que toma, cuesta 80 dólares en Colombia y no se consigue en Venezuela.


En otras palabras, sabe que día por medio no tendrá luz a las 9:00 a.m., así que se queda en casa de su novio e intenta trabajar desde allí, pero también ha estado en situaciones en las que a las 10:30 de la mañana hay un apagón. “Ahí es peor. Cuando ya sé que se puede ir la luz, al menos estoy prevenida, pero cuando son ‘sorpresa’, es horrible. Camino, me baño con ropa, me muerdo las uñas. Entonces es cuando me doy cuenta de que destruyeron mi salud mental”, explica María Carolina.

Tener una planta eléctrica no es posible para ella. Además del gasto de su adquisición, tendría que comprar gasolina constantemente y eso, además de desbalancear su presupuesto mensual, sería un problema debido a que en Táchira solo hay despacho de combustible a precio internacional y no subsidiado.

Cuando termina su horario laboral no llega la calma. En las noches, con los apagones nocturnos, piensa en qué pasará al día siguiente, a qué hora estará sin servicio eléctrico o si la van a despedir. “Trato de controlar mis pensamientos, recuerdo que nada está en mis manos, pero el miedo es inevitable porque nadie quiere quedarse sin trabajo en este país”, dice.

Incremento de casos ansiosos

Aunque no existe una estadística oficial, desde que en 2019 se agudizó la problemática de los apagones ha habido un incremento de procesos ansiosos sin importar edad, según explica la psicóloga Luz Contreras. Los constantes cortes generan estrés en las personas.

Ella misma ha sido víctima de la crisis eléctrica. Además de dar terapia, hace postres, pero debido a los cortes debe parar la producción. Para sobrellevar la situación, organiza sus horarios en lo que puede hacer con luz y lo que puede hacer en las fallas, con lo cual logra mantenerse ocupada y sin estrés por la circunstancia que no puede controlar.

La psicóloga Karoll Vivas resalta que con los apagones diarios hay quienes recuerdan experiencias traumáticas que aún tienen desde el apagón de marzo de 2019. “Eso dejó muchas secuelas en la salud mental, como los síntomas de estrés postraumático para ciertos pacientes que tienen que enfrentarse a esta situación a menudo”, precisa.

Considera que vivir en estas circunstancias incrementa el riesgo de sufrir ataques de pánico, insomnio, trastornos de ansiedad y depresión. Para aquellos que ya viven con estas patologías, el camino puede ser un poco más complejo porque pueden aumentar sus síntomas, incrementando así el riesgo de enfermedades somáticas, y conseguir que el cuerpo comience a presentar dolores y diversos padecimientos.


En las noches, con los apagones nocturnos, piensa en qué pasará al día siguiente, a qué hora estará sin servicio eléctrico o si la van a despedir.


¿Cómo cuidar la salud mental en apagones?

Aunque no es fácil sobrellevar los apagones, ambas psicólogas coinciden en que las personas deben inclinarse por actividades que les permitan distraerse y, especialmente, estar en calma durante las horas en que no tienen el servicio.

Contreras puntualiza que en momentos sin electricidad se aproveche el tiempo para uno mismo: planificar qué hacer en situaciones en las que no hay electricidad, como actividades del hogar, leer, meditar, hacer yoga o ejercicio, hablar con los familiares o cualquier rutina de autocuidado.

El consejo final de Contreras es: “Busquen con quién hablar, quejarse. Moléstense; eso es válido porque nos están robando el tiempo que necesitamos. Hablar sana”.

Para Vivas resulta primordial el acompañamiento familiar, de amigos o vecinos, que al estar viviendo la misma situación, podrán servir de grupo de apoyo para expresar los pensamientos y sentimientos que ocasiona no tener electricidad.

“Si estas sintomatologías siguen incrementándose o sienten que necesitan un apoyo mayor, acudan a algún profesional de la salud mental que pueda acompañarlos, escucharlos en este proceso que están viviendo, y encuentren las herramientas necesarias que están buscando con el fin de conseguir una mejoría y un alivio para su sentir”, resalta.

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