Al revivir la disputa por el territorio del Esequibo, en una jugada clásica del autoritarismo, el madurismo se juega su influencia en el Caribe. Si Chávez siempre evitó ese conflicto, ¿por qué su heredero da ese giro y qué piensan de ello los venezolanos?

Por: Ahiana Figueroa

Desde hace décadas los venezolanos han pintado en el mapa de su país al territorio Esequibo con rayas, rotulado como una “zona en reclamación”. Estas grandes extensiones escasamente pobladas, que lucen lejanas e inaccesibles bajo su vasta vegetación selvática, están nuevamente en el foco del escenario político latinoamericano. La causa: Nicolás Maduro, tras un referendo consultivo, anda exhibiendo el hacha de la guerra para supuestamente obedecer el mandato popular que, según su gobierno, le ordenó tomar todas las medidas necesarias para “recuperar” lo que ahora llama la Guayana Esequiba.

Ahora “este mandato del pueblo” como lo cataloga el régimen, hizo que Maduro tomara medidas extraordinarias: anunció la creación del nuevo estado Guayana Esequiba que sumará a los 23 existentes en el país y nombró entre tanto al mayor general Alexis Rodriguez Cabello como autoridad única en la región. Pero fue más allá. Ordenó a las estatales Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y Corporación Venezolana de Guayana otorgar licencias de exploración y explotación en gas, petróleo y minería. Nuevamente el parlamento tiene la orden de elaborar rápidamente una ley para permitir a empresas operar en el territorio en disputa, y a su vez prohibir la contratación de aquellas que colaboren en las concesiones entregadas por Guyana.

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“Pido que se les dé tres meses a esas empresas para que se retiren del mar por delimitar. Estamos abiertos a conversar. Por las buenas, todo, por las malas, nada. respeto al derecho internacional, a las leyes, a la buena convivencia”, dijo Maduro la noche del martes 5 desde la instalación militar Fuerte Tiuna en Caracas.

Pero la controversia por el Esequibo va más allá de la defensa de la soberanía territorial, según se desprende de declaraciones de analistas, historiadores y dirigentes políticos en el país. Consideran que Maduro aprovecha la disputa para despertar el sentimiento nacionalista a su favor y llegar de una manera más holgada a unas próximas elecciones presidenciales; pero que también corre el riesgo de enfrentarse a una región que ya no le es leal a Venezuela como sí lo fue en el pasado.

Las tensiones entre ambos países vienen creciendo desde que, en 2015, Guyana autorizó a la empresa norteamericana ExxonMobil a realizar operaciones petroleras en la costa del Esequibo. Ante la relativa indiferencia del gobierno de Caracas, que se limitó a expedir uno que otro comunicado, la petrolera descubrió yacimientos y comenzó a explotar el crudo en la zona, lo que le dio a una de las economías más pequeñas de la región un alto potencial de crecimiento. 

El asunto es enorme. Como afirmó Francisco Monaldi, experto petrolero y profesor de la Universidad de Rice en Estados Unidos, “los descubrimientos en el mar y fundamentalmente en el norte de Guyana son impresionantes. Exxon con sus socios Hess (Chevron) y la empresa estatal china CNOOC (China National Offshore Oil Corporation) encontraron 11 mil millones de barriles de crudo, que si bien no es un número gigante comparado con las reservas venezolanas, convierte a Guyana en uno de los más grandes productores de petróleo per cápita del mundo y lo será aún más cuando supere el millón de barriles al final de esta década”.  

Y no se limita al petróleo. El Esequibo, con sus 159.000 kilómetros cuadrados, tiene además una gran riqueza en otros recursos naturales, como minerales y metales muy valiosos como uranio, coltán, oro, platino, hasta molibdeno, manganeso, diamantes y otras piedras preciosas, como jaspe, amatistas y cuarzos rosados y verdes. 

Pero el Gobierno guyanés controla este territorio desde hace mucho tiempo. Desde más de 20 años atrás, ese país construyó escuelas, hospitales, fábricas y carreteras, pero también puertos y cuarteles, mientras que entre 2016 y 2018 creó cuatro municipios y otorgó la nacionalidad guyanesa a los habitantes de la zona. Entretanto, Venezuela se mantuvo un poco al margen y sin mucho ánimo para protestar.

Hoy, el régimen de Maduro lleva adelante una campaña “para denunciar las pretensiones de Guyana” de apoderarse del territorio. Al efecto, apeló al nacionalismo al convocar a la población al referendo del domingo 3 de diciembre con cinco preguntas para validar cualquier acción que le permita defender al Esequibo, incluso la opción armada.  

Justamente, Maduro participó el lunes 27 de noviembre en un acto por el aniversario número 103 de la Aviación Militar, donde aprovechó para promocionar el referendo como “la posibilidad de hacer justicia histórica” por la controversia territorial. “La Fuerza Armada, en sí y para sí, debe tener conciencia, para garantizar la soberanía, garantizar la Constitución, para nuevas misiones necesarias (…) se acerca la hora de la justicia, hago un llamado a la unión cívico-militar”.  Y como guinda para el pastel, al llamar a la población a participar en el referendo, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró que la disputa con Guyana “no es una guerra armada por ahora”.

Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano y experta en materia militar, declaró que “es muy peligroso darle un cheque en blanco” a Maduro con respecto a la disputa del Esequibo, “porque una actuación irresponsable por parte de Venezuela podría desencadenar un escenario bélico en el que tenemos todas las de perder”.

Para el dirigente de oposición, Andrés Velásquez, exgobernador de Bolívar (un estado fronterizo con el Esequibo), se debe estar muy atentos a esta “jugada del régimen (…) Que Maduro, totalmente rechazado por el pueblo venezolano, no se le ocurra el disparate de una escaramuza militar, como movimiento táctico para ganar tiempo, declarando un ‘Estado de defensa’ y, en consecuencia detener las elecciones presidenciales (previstas para 2024)”. Unos comicios en los cuales, de cumplir sus obligaciones de transparencia y legalidad a los que se comprometió con Estados Unidos, saldría casi seguramente derrotado ante María Corina Machado. Y eso es algo que, a juicio de los expertos, Maduro no estaría dispuesto a arriesgar.

Tras la consulta, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ofreció unos resultados de más de 10,4 millones de votos por el ‘sí’ a las cinco preguntas, cifras que lucen poco creíbles para muchos. Durante la jornada, la mayoría de los centros electorales lucieron desolados, sin largas filas de personas. “Según Elvis Amoroso (presidente del CNE), la participación (no se atrevió a decirlo) fue 2.110.864 electores. Eran cinco votos por elector. Sin duda nuevamente Maduro convirtió una oportunidad de hacer algo bien con todos los venezolanos en un estruendoso fracaso. Él nunca ha hecho nada por el Esequibo ni por la gente. No lo hará ahora. A Maduro otra excusa más que se le acabó”, dijo el excandidato presidencial y dirigente del partido Primero Justicia, Henrique Capriles.

No obstante, el Gobierno afirmó que el proceso fue una “contundente victoria”, pero la desconfianza en los resultados puede afectar aún más a su ya maltrecha imagen en la opinión pública internacional.

Perdiendo influencia

En el último mes, la orden gubernamental de defender la soberanía llegó hasta las escuelas. Los maestros debieron pedir a sus alumnos dibujar el mapa de Venezuela junto con el Esequibo sin rayas y exponerlos en las carteleras de los recintos educativos y hasta en calles y avenidas.

Guyana, por su parte, denunció en instancias internacionales el referendo venezolano y viralizó en redes sociales videos de jóvenes que aseguraron que el “Esequibo es de Guyana”. Su presidente Irfaan Ali izó su bandera cerca del límite del territorio, pidió a la comunidad “no sucumbir a la propaganda de Venezuela” y hasta cenó y se quedó a dormir en un campamento militar ubicado en el poblado de Kaikan, límite con el estado Bolívar.     

Lo que resulta más sorprendente es que la actitud de Maduro contrasta con la de su antecesor Hugo Chávez, quien tenía otras prioridades. En efecto, siempre prefirió desviar la mirada de lo que Guyana hacía sobre el Esequibo con el objetivo de ganar aliados en la región y especialmente en los países del Caribe. “El gobierno venezolano no será un obstáculo para cualquier proyecto a ser conducido en el Esequibo, y cuyo propósito sea beneficiar a los habitantes del área (…) el asunto del Esequibo será eliminado del marco de las relaciones sociales, políticas y económicas de los dos países”, dijo durante una visita oficial a Guyana en febrero de 2004. 

En una reunión en 2006 con la Comunidad del Caribe (Caricom) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), fundada por Chávez, este acordó con el entonces presidente guyanés Bharrat Jagdeo, congelar la disputa por el territorio, para que Venezuela pudiera obtener los votos para un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese entonces, Maduro era canciller y fue el funcionario que más tiempo estuvo en este cargo (2006-2013) durante la gestión de Chávez.   

Como recordó la internacionalista Esther Mobilia, “Chávez dejó de lado la reclamación del Esequibo y sopesó que era más importante estrechar alianzas con pueblos de la región. En medio de esta alianza fue muy poderoso el tema de las repúblicas latinoamericanas débiles y víctimas de un proceso de expansión del imperialismo y, por ello debían construir un liderazgo alternativo y fuerte para hacerle frente a las potencias hegemónicas”.  

Sin embargo, destacó que la oportunidad de acceder a petróleo barato, resolver los problemas energéticos y conseguir ingresos alternativos, “resultó atractivo” para los países de la región y Venezuela “jugó muy bien esa estrategia”.  

Pero cómo han cambiado los tiempos. Hoy, los mismos países del Caricom reprochan a Venezuela por el anuncio del referendo consultivo y expresan su apoyo a Guyana. La Comunidad del Caribe afirmó que sus 15 miembros apoyan a la pequeña nación, consideran que “sus fronteras son inviolables” y que solo la Corte Internacional de Justicia (CIJ) debe resolver la controversia. “La posición de Guyana ha sido firme, ha sido inquebrantable y está ante la Corte Internacional de Justicia y la apoyaremos al 150 por ciento”, dijo la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley en una rueda de prensa junto a su colega de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves.

Para no ir muy lejos Cuba, principal beneficiaria de los acuerdos petroleros con Venezuela, siempre ha exhibido una clara posición de apoyo a Guyana. En enero de 1981, los dos países firmaron un convenio en el cual la isla caribeña reiteró el derecho de esa nación a su integridad territorial. Posición que mantiene hasta hoy.

Esta postura de los países caribeños denota además, la poca influencia que Maduro tiene en la región y que no llegó a tener desde que asumió el poder en Venezuela. El dicho “más vale tener amigos que plata” pareciera no tener cabida en esta oportunidad.

“Creo que se equivocó el trato con muchos países y especialmente con los que integran Caricom. Quizás pensaron que habría un compromiso por el tema económico, por los acuerdos con términos preferenciales que otorgó Chávez”, apuntó Juan Francisco Contreras, presidente del Colegio de Internacionalistas de Venezuela.

Pero a Contreras le llama mucho más la atención que grandes aliados del régimen bolivariano como Argentina, China, Bolivia y Brasil, no le hayan mostrado solidaridad. “Se escucha al gobierno venezolano insultar a ExxonMobil y a los funcionarios guyaneses, pero China tiene 30% de las acciones del consorcio que está ejecutando las operaciones petroleras en Guyana. Después vemos al gran amigo Lula Da Silva ayudando a Guyana en la construcción de vías terrestres. Y uno se pregunta, ¿qué pasa?”.       

Venezuela entró en una profunda crisis por la caída de sus ingresos petroleros desde 2013, justamente cuando Maduro comenzó su gestión. El deterioro de Pdvsa, la caída del precio del barril de crudo, las políticas de control en la economía y las sanciones de Estados Unidos hicieron mella en las finanzas del país. En ese entorno, fueron suspendidos acuerdos como Petrocaribe, que contemplaba precios flexibles y facilidades de pago para los países beneficiarios.

“Venezuela no tiene los recursos para seguir subsidiando a otros países de la misma manera como lo hacía en el pasado. La capacidad de volver a activar Petrocaribe es limitada y es improbable que el mecanismo vuelva a funcionar de la misma forma que lo hacía antes”, afirmó Monaldi. 

Esther Mobilia coincide en que la crisis económica llevó a Venezuela a perder el liderazgo que cultivó durante muchos años y que estuvo amparado en la cooperación petrolera. “Pero en ese protagonismo que perdió en la región también influyeron otros componentes: la crisis política y las rebeliones civiles en 2014, 2017 y 2019, las denuncias hacia el gobierno venezolano por la violación de derechos humanos y las sanciones. Esto erosionó su imagen ante la comunidad internacional”.     

Maduro heredó el liderazgo de Chávez e incluso el ropaje, la renta y el capital político y discursivo, pero los problemas económicos del país le estallaron en la cara. Para Eduardo Valero, profesor de Estudios Polìticos de la Universidad Central de Venezuela, “Maduro al reemplazar a Chávez lo hizo con muy pocos instrumentos: es un liderazgo que no es simpático, que le cuesta y le tocó sobrellevar todo lo que fue el proceso de reagrupaciòn de las fuerzas del chavismo. Hoy está más cómodo porque fue prescindiendo de los colaboradores cercanos al presidente Chavez”.

El llamado chavismo disidente (funcionarios que muestran una crítica constante a la gestión de Maduro) afirman que el gobernante es “un ancla al cuello” y que se baraja la idea de presentar a otro candidato del partido oficialista para las presidenciales de 2024. “La tumba del madurismo nace en el Esequibo” afirmó Andres Izarra, quien fue ministro de Información y Comunicación de Chavez, haciendo una comparación de la consigna militar muy utilizada por el oficialismo “El sol de Venezuela nace en el Esequibo”. 

“Ni el pueblo venezolano acude a las convocatorias de esta gente por lo deslegitimados que están”, agregó Izarra.

¿Por qué surge la disputa sobre el territorio?

El Acuerdo de Ginebra, firmado en 1966 por Venezuela con el Reino Unido (Guyana era su colonia entonces), y registrado por la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas, es el único instrumento jurídico con plena vigencia que la nación venezolana reconoce sobre el territorio que ahora llama la “Guayana Esequiba”.  

El acuerdo acepta en su texto la validez de “la reclamación de Venezuela sobre el Territorio Esequibo, expresados en 159.500 kilómetros cuadrados y arrebatados por el Laudo Arbitral de París el 3 de octubre de 1899, convalidando a su vez la usurpación inglesa”. Este Laudo quedó en tela de juicio luego de conocerse varios documentos que comprometen su validez, por lo que ahora la Corte Internacional de Justicia (CIJ) debe decidir si reconoce o no el Laudo de París. Guyana acepta que esa instancia dirima la controversia, mientras que Venezuela se niega a ello. 

En todo caso, el Acuerdo de Ginebra de 1966 es solamente un procedimiento transitorio para llegar a un entendimiento final. Por lo tanto, mientras no aparezca una solución satisfactoria, como lo establece su texto, se mantiene el statu quo plasmado en el Laudo Arbitral de París.  Según éste, la autoridad de administración y ocupación permanece ligada al Reino Unido (poco después sucedido por la Guyana independiente) sobre toda el área que desde entonces Venezuela reclama. No obstante, “se reconoce la salvaguarda de los derechos de soberanía venezolanos sobre la zona, por lo que ambos países se obligan a encontrar una solución concluyente, pacífica y honorable para las partes”.

Analistas explican que esta disputa podría tardar aún más años en resolverse, mientras que los venezolanos continúan su día a día. Siguen a la espera de que su gobierno atienda sus necesidades más inmediatas, como mejoras salariales, en salud, asistencia social y servicios básicos. No quieren que los lleven a un conflicto armado.

“Espero que se tenga cabeza fría sobre este problema, que no vayan a inventar un conflicto. Cómo vamos a eso si los militares nunca han estado en algo así. A mi no me gustaría ir a una guerra. Antes de eso prefiero que se queden con esas tierras, total ya las han abandonado desde hace años, ¿quién se va a querer ir a vivir para allá? Que se lo queden”, dijo Santiago Valverde, de 32 años, de profesión electricista y, sobre todo, chavista de corazón.

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