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viernes, 1 marzo, 2024

Migrante venezolano baleado en EE. UU. espera ayuda para volver a caminar

Arturo Materán, de 43 años, recibió un balazo en Atlanta, Georgia, el 12 de julio de 2023, 12 días después de llegar a Estados Unidos. Tiene alojado un proyectil en la columna vertebral y quedó parapléjico

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A sus 43 años, Arturo Materán nunca había oído el silbido de una bala hasta que llegó a Atlanta, Georgia, la capital del sur de Estados Unidos. Allí, una noche, en una calle desolada, un hombre iracundo le disparó 7 veces a menos de 700 metros de distancia. De esas balas, 6 atravesaron la carrocería del automóvil en el que se desplazaba y una se coló en su espalda baja.

Esa bala se le alojó en la columna vertebral y lo dejó parapléjico desde el 12 de julio. Arturo Materán cumplía 12 días en calidad de refugiado en Estados Unidos, luego de desafiar durante una semana la peligrosa selva del Darién.

En Atlanta consiguió su primer empleo, agente dealers, una especie de ejecutor personal de embargos en una empresa de vehículos en alquiler.

El día que lo balearon intentaba recuperar un auto rentado por su empresa empleadora, un Toyota modelo Camry, año 2011, matrícula TBF 1071. La persona que lo había alquilado estaba retrasada con el pago mensual y, en Estados Unidos, este tipo de demoras se paga hasta con el decomiso del bien en uso.

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Junto a  Frai Cuba, un compañero de trabajo, paisano suyo, Materán ejecutó la orden de su jefe de movilizar el vehículo hasta la agencia. El automóvil estaba estacionado en las adyacencias de una gasolinera (1109 Northside Parkway NO) y por horas esperaron que el conductor apareciera para avisarle de la medida. Pasadas las 11:00 p.m. la persona no llegó, por lo que Materán y Cuba se llevaron el auto. 

Materán y su compañero abrieron el carro con las llaves que se reservó la agencia. Lo encendieron y lograron avanzar, pero en plena marcha fueron perseguidos por un hombre, quien desenfundó un arma sin vacilaciones.

“No supimos de dónde salió. Cuando nos dimos cuenta, el hombre estaba persiguiéndonos en otro carro”, contó a El Pitazo en entrevista a través de videollamada.

A 2078 Perkerson Rd SW. Grady #755, zona donde ocurrieron los hechos, llegó una comisión del Departamento de Policía de Atlanta. Era la 1:16 a.m., precisa el reporte de la incidencia, signada Caso # 231930084.

El agresor se dio a la fuga. Afortunadamente, Arturo Materán estaba alerta, consciente y respirando cuando las autoridades lo llevaron al hospital de urgencias donde permaneció 15 días. Su pronóstico era reservado, por lo que fue remitido al Emory University Hospital.

Permaneció cuatro semanas internado en el Emory: recibió tratamiento farmacológico y terapias de rehabilitación, pero no logró salir en pie. Sus piernas no le respondieron.

A Arturo Materán le dijeron que una bala se alojó entre sus vértebras lumbares. Ahora, él no siente ni mueve el cuerpo desde el ombligo hasta los pies, una condición que pretende enfrentar desde la fe y la constancia.

«Me dieron el alta médica así, sin mucha esperanza. Y aquí estoy guapeando, sin cama y sin silla de ruedas, esperando un milagro, colaboraciones y justicia para ver si vuelvo a caminar», dijo recostado en un mueble viejo de color amarillo ámbar, dispuesto en la angosta sala de un apartamento tipo estudio en el que vive junto con nueve venezolanos más: siete  adultos y dos niños, en 1010 Court Drive Duluth Georgia, Atlanta.

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Materán nació y vivió por 22 años en el andino estado Trujillo. A los 23 llegó a Barinas y se estableció con aspiraciones de mejorar. Estudió Derecho en la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora (Unellez), se graduó y ejerció en el Departamento de Seguridad del Ministerio Público. 

Se casó dos veces. Luego de la disolución de su primer matrimonio formalizó un hogar con Diana González. Tienen una hija de 10 años.

Arturo y Diana no pudieron sortear juntos las dificultades de la vida en Venezuela. Menos de 10 dólares de salario conjunto los obligó a buscar alternativas en la migración forzada. Se  separaron como pareja: él se fue a Perú y ella se quedó sola con su hija en Barinas.

Tras un año y seis meses sin perspectivas en el país andino, Materán resolvió en 2019 saltar a Chile. Allí tuvo éxito: administró el complejo deportivo Ciudad de Dios en la comuna Puente Alto, la más grande de Santiago, la capital. Con los ingresos devengados podía enviar remesas a su hija y apoyar a su familia materna.

Tras cuatro años de trabajo en el complejo Ciudad de Dios, Arturo Materán tuvo que renunciar. Diana González, la madre de su hija, se marchó en 2022 a Estados Unidos y dejó a la niña al cuidado de la abuela materna.

Él notó que la niña no estaba bien, acudió a su rescate y decidió atravesar con ella y un sobrino político la temida selva del Darién

El 30 de junio de 2023, Materán y su hija Anabella Sofia ingresan legalmente a territorio norteamericano por el cruce fronterizo Calexico West, uno de los dos existentes entre El Valle Imperial del área de California y Mexicali, mediante cita programada a través de la App móvil CBP One, de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza de Estados Unidos.     

En Atlanta logró reunir a la madre con su hija. Fue un momento feliz, aunque efímero. Por ahora, Arturo no se vale por sí mismo.

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Arturo Materán junto a su hija y sobrino durante su travesía por la selva del Darién| Foto: álbum familiar

Razones para migrar

A las preocupaciones de Materán, se suman que su mamá y su hermano se quedaron en Venezuela. Carmen Yolanda Riveros, de 74 años, está al cuidado de su hermano menor.

El joven padece esquizofrenia y no halla tratamiento ni cuidados médicos especializados en el sistema público de salud en Venezuela. Por ellos, también, se convirtió en refugiado.

Quiere que se haga justicia, que la gente lo ayude. Presume que el dueño de la empresa de alquiler de automóviles para la que laboraba intenta lavarse las manos. Frai Cuba, su compañero de trabajo, se fue, temeroso, a Orlando, Florida.  

Materán ha buscado asesoría legal y aplicado al Programa de Compensación de Víctimas del Crimen de Georgia. “Pero aquí todo es difícil para los refugiados hispanos”, comenta. 

Compañeros de una iglesia cristiana, entre los que se cuenta la venezolana Mariel Arrieta Leal, emprenden una campaña de solidaridad para costear su rehabilitación y adquirir una silla de ruedas. Arrieta abrió un GoFundMe a favor de Arturo Materán con la meta de recaudar 10.000 dólares.

 El propio Arturo Materán ha puesto a disposición sus datos bancarios en Venezuela para sumar aportes. Cuenta de Ahorros Banesco 01340044050442109516 C.I 13.745.804.

También tiene una cuenta bancaria en Chile identificada Cuenta Rut 27238849-0 por donde la diáspora venezolana en ese país suramericano y los amigos que dejó allí durante cuatro años pueden colaborar.

Arturo Materán necesita apoyo económico para recuperarse y lo expresa con una frase: “Tengo  la esperanza viva. Si no vuelvo a caminar quiero seguir con el sueño de ayudar a mi familia».

Enlace: https://gofund.me/02a1bc2c

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